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Publicado el 18 de junio de 2026 · 1 min de lectura
Lo que cambio en mi rutina cuando cambia la estación
Otra luz, otros horarios y otro ritmo. Tres ajustes pequeños que hago cada año por estas fechas.
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Cada cambio de estación pasa lo mismo en la consulta: la gente llega diciendo que le cuesta arrancar. No es casualidad. Cambia la luz, cambian los horarios y el cuerpo tarda unas semanas en acompasarse.
No hago nada espectacular. Ajusto tres cosas y dejo que el tiempo haga el resto.
Adelantar la cena
Cuando alarga el día cenamos tarde casi sin darnos cuenta. Cuando anochece a las siete, seguir cenando a las diez deja el cuerpo trabajando cuando ya tocaba parar.
Adelanto la cena media hora cada semana hasta encontrar un horario que aguante todo el invierno. Media hora es poco: por eso funciona.
Buscar la luz de la mañana
Quince minutos de luz natural antes de media mañana. No hace falta salir a caminar ni proponerse nada: vale con desayunar junto a la ventana o bajar a por el pan sin prisa.
Lo que más cuesta de los hábitos pequeños es creer que sirven de algo.
Cambiar la crema, no la rutina entera
Al cambiar el tiempo la piel pide algo más denso que en pleno verano. Cambio la textura y no toco nada más: si se cambian cuatro productos a la vez y algo no sienta bien, no hay forma de saber cuál era.
Un cambio, tres semanas, y luego se decide.
Nada de esto es una receta. Es lo que a mí me funciona y lo que suelo proponer como punto de partida, sabiendo que cada cuerpo lleva su propio ritmo.